Estancia Morro Chico, Paraje Puente Blanco, Ruta Nacional N° 40, Santa Cruz, Argentina

Estancia Morro Chico

La estancia Morro Chico esta situada en los confines de la Patagonia continental argentina en su límite sur con Chile. Su historia se confunde con la saga de los primeros colonos de la región. Fue fundada por un inmigrante escocés que llegó a las Islas Malvinas a fines del siglo XIX y de allí, como tantos otros, pasó al continente a través de la ciudad chilena de Punta  Arenas. A principios del siglo pasado protagonizo el famoso gran arreo en el cual 5.000 ovejas viajaron más de 2.000 kilómetros desde la pampa húmeda para poblar las grandes extensiones que el gobierno nacional cedía a los colonos.

Un siglo más tarde los descendientes de la misma familia originaria encaran el ambicioso desafío de completar y renovar las instalaciones de su estancia. Los objetivos son múltiples: preservar el patrimonio natural construido de manera sostenible, mejorar la producción de lana y carne y mejorar la calidad de vida de los que allí viven y trabajan. Para ello se elaboró un proyecto y un plan director para la realización de las obras que duraron 4 años y concluyeron en 2019. Los trabajos realizados incluyeron nuevas construcciones tales como un galpón de esquila modelo, situado a algunos kilómetros de distancia del casco, un galpón para maquinas y depósito, un pabellón para vivienda del personal y también una nueva casa para la familia. Incluyeron también el reciclaje de la mayoría de las construcciones existentes (salvo las que se encontraban en muy mal estado) para completar las comodidades del personal y sus familias como también la de los huéspedes de la estancia. 

El antiguo galpón de esquila todavía operacional, fue restaurado y constituye con sus construcciones aledañas un sector aparte del casco. En la actualidad mantiene su carácter original, como testigo de la historia de la región.

Un capitulo importante de las mejoras fue la introducción de sistemas de producción de energías limpias y renovables. Esto se realizó a través de la instalación de paneles solares y molinos de viento, como así también por medio de una caldera a leña proveniente del raleo de los bosques de ñires del lugar, la que funciona con apoyo de gas envasado y ha reemplazado la utilización histórica del carbón proveniente de los yacimientos cercanos de Río Turbio.

El ordenamiento del conjunto retoma y reelabora el modelo de aldea compacta característico de los cascos de estancia de la región, en el que las construcciones utilitarias y de vivienda se agrupan para mitigar el rigor del clima y crear lugares acogedores en el desierto patagónico.

El sistema constructivo adoptado, construcción prefabricada de madera y metal revestida en chapa de acera ondulado, no difiere mucho del utilizado por los pioneros de la región y responde a los mismos problemas de logística y escasez de recursos locales de entonces. La novedad fue la necesidad de acompañar el concepto energético propuesto con construcciones eficientes en ese sentido. Esto obligó a aislar consecuentemente todas las construcciones calefaccionadas, tanto las nuevas como las existentes las cuales fueron revestidas con la misma chapa ondulada. Hoy se confunden entre ellas unificando así el aspecto exterior del conjunto.

La estética general del proyecto se inspira en la arquitectura de los cascos de estancia tradicionales, esos conjuntos de galpones de chapa de extrema austeridad y primitiva simplicidad perdidos en la inmensidad del desierto patagónico. El lenguaje arquitectónico de cada una de las piezas del conjunto desarrolla variaciones formales sobre el tema del galpón de chapa de acuerdo con la función y el carácter de las diferentes construcciones. Estas variaciones van de las formas más simples como el galpón de esquila hasta formas mas complejas como la casa de familia. En cuanto a la materialidad, las declinaciones formales están acompañadas por el juego de contrastes de materiales entre la calidez de la madera que predomina en los interiores (y se deja entrever afuera en diferentes proporciones) y la dureza de la chapa que caracteriza el aspecto exterior. Consecuentemente, la presencia de la madera es máxima en la casa de familia y va disminuyendo progresivamente a medida que aumenta el carácter utilitario de las construcciones hasta desaparecer completamente en el galpón de esquila.